22 Mayo
2026
Los psicólog@s somos personas.
Personas que tenemos nuestras propias experiencias de pérdidas y duelos, que sentimos el peso de la incertidumbre y el cansancio de las rutinas y responsabilidades, que al igual que tú tratamos de conocer y manejar nuestros miedos y sanar heridas; y al mismo tiempo, sostenemos el dolor de otros. ❤️
Frecuentemente la gente me dice cosas así : “¡Como tú eres psicóloga …”; y se descargan como si en lugar de psicóloga tuviera soluciones para todo o una vida perfecta y nunca sufriera innecesariamente.
Les comparto a los que piensan así o no, que estudiar la mente humana no siempre nos da claridad emocional, fortaleza inquebrantable o respuestas para todo.
Los psicólog@s también nos rompemos, dudamos, necesitamos pausas, contención y nuestro propio espacio de apoyo y fortalecimiento; y en gran parte, gracias a cada una de las personas que abren su corazón frente a nosotros, sabemos que la primera y última de nuestras opciones es seguir el camino hacia adelante.
Quizá ahí radica una de las partes más profundas de esta profesión: “acompañar desde la propia humanidad y no desde la perfección”.
La empatía no nace de sentirse superior al otro, sino de reconocer que todos, en distintos momentos, conocemos el miedo, la tristeza, el vacío, la pérdida o la necesidad de ser comprendidos.
Ser psicólog@ implica cargar silenciosamente historias difíciles, escuchar dolores que permanecen en la memoria y aprender a equilibrar la sensibilidad con fortaleza. Ser psicólog@ es estar presente para otros, incluso en días en los que vivimos nuestros propios procesos internos.
Este día me recuerda que para cuidar a los demás, es necesario autocuidado, autoconocimiento profundo y amor propio. Recordar que además del consultorio, libros, actualizaciones y técnicas, somos personas con corazón, limitaciones, conflictos, historia y emociones.
El buen psicólog@ no es un ser invulnerable sino quien, conoce y abraza su propia humanidad con luz y obscuridad; y decide acompañar desde el amor, el respeto y la comprensión más profunda, esa comprensión que se alcanza cuando salimos de aquellos momentos que pensábamos que no terminarían jamás.